Soñé que entraba a una tienda de chocolates propiedad de una chef llamada Constanza Díaz (Se me hace que soñé ese nombre por los chocolates Costanzo), la chef era como una mujer de 1920 y me vendió un pequeño chocolate en 15 pesos. La gracia de ese chocolate es que nunca se le acababa el relleno de chocolate suave. Desperté saboreando el chocolate y viendo las paredes de mi cuarto, mismas que me pusieron en la realidad. Mi mano vacía terminó de desilusionarme.
¡¡¿En dónde está Dios?!!
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