lunes, 7 de julio de 2014

En una noche sin luna.

Contemplando el mar en una noche sin luna respiró profundamente y llevó el aroma del mar a sus pulmones y de ahí a todo su cuerpo, se sintió parte de la brisa marina abandonando todo pensamiento que no lo dejará flotar sobre el murmullo de las olas.
Sus ojos descubrieron que la oscuridad tiene forma y vio con respeto que era tan insignificante ante la inmensidad del mar que sus tragedias, sus goces y sus dolores no eran trascendentes.
Contemplando el mar en una noche sin luna no le importó mas el camino, porque ante tal inmensidad daría lo mismo caminar toda una vida que no caminar nada y se sintió completamente libre porque al verse insignificante no le preocupo que sus huellas en la arena desaparecieran cuando la muerte saliera de las profundidades para llevarlo a otro mar, con otras olas, en otro en otras aguas.
Contempló el mar en una noche sin luna hasta que amaneció y dio gracias al mar, por su grandeza que lo hizo sentir humilde.
Dio gracias por no ser grande como el mar, dio gracias por su pequeñez y por tener la oportunidad de asombrarse ante las grandeza de la creación.
Dio gracias por la oportunidad de amar y disfrutar la noche sin luna, la brisa, el mar y todo lo que encontró en la oscuridad.

La persona más buena de mi vida.

No soy un alma de Dios, pero a veces me gusta ayudar, dar, etc. Cuando me he enojado con alguien o conmigo mismo, no puedo seguir enojado, me agota, me entristece, me ahoga. Aunque a veces parezco injusto siempre trato de hacer lo que me parece que es justo. No soy un buen músico y ni de lejos soy arquitecto pero amo a la música y a la arquitectura, que me llevaron a amar el arte. He aprendido a vivir el momento por que fue un consejo que me dio la persona mas buena con la que me he topado en la vida. Amo a mis sobrinos por que gracias a Dios tuve quien me enseñara a amar a la familia. Muchas veces estuve a punto de cometer estupideces y otras veces las cometí pero siempre supe que estaba haciendo mal y retomé el buen camino. La determinación la aprendí por imitación, por seguir el ejemplo y por el ejemplo aprendí también a levantarme una y otra vez y a tomar las caídas como peldaños. Aprendí a no ser perfecto y a ser quien soy.
Hay cosas que no se si las aprendí o ya las traía, y hay muchas cosas de mi que me gustan y se de quien las heredé.
Gracias Mamá por ayudarme a hacer lo más difícil en la vida, que es haber nacido, gracias por darme una vida digna y enseñarme que todo ser vivo la merece. Gracias por darme un pedacito de ti y un todo de tu amor.
Gracias Dios, por poner en la tierra a la persona mas buena con la que me he topado en la vida.

Un momento de alegría.



Nació y creció en la calle, hizo del miedo un amigo y del coraje un compañero, su instinto lo mueve y lo mantiene vivo en esa triste libertad que lo acompaña por el barrio que lo ha adoptado junto con otros infortunados. Sus abuelos, tal vez sus bisabuelos o sus padres, tuvieron un techo; pero seguramente lo perdieron cuando un cobarde los echo para no batallar en ser mejor persona.
El busca su techo y la vida lo encuentra sin que él la busque. Por unos días le pusieron un nombre, quien sabe cuantos nombres lleve en su pasado, quien sabe cuanta gente ha pasado por su vida. No importa. Al fin que él no responde a las palabras por que ya aprendió a interpretar las miradas. Para algunas personas es un estorbo y para otras, es la oportunidad de ser bondadosos y darle un poco de amor a un extraño que por unos días, puede ser un amigo o simplemente un compañero del paseo cotidiano. Esta gente que le da su cariño, es correspondida con una mirada de felicidad y a veces hasta con algunos besos. El es solo un perro y ellos unas personas, pero cuando intercambian su cariño, cada uno se vuelve único, especial, un bonito recuerdo para el futuro y un momento de alegría en el presente.

¿Amor?


No siempre salen las cosas como se espera al declarar nuestro amor.

La Cita. Un corto sobre el amor.


Nada como una pareja perfecta en San Valentín.




Detrás de cámara.
Manuel Guijoza (Gerente de Producción), Luis Ernesto Verdín (Actor),
Mossy Santini (Actriz), Adriana Villanueva (Productora y Cinefotógrafa),
Luis Monterrubio (Guiónista, Productor y Director),
Clara Rico (Directora de arte), Aldo Mendez (Asistente de arte).


Aldo Mendez, asistente de arte.

Manuel Guijoza, producción y sonido.

Adriana Villanueva, productora y fotógrafa.



Mossy Santini y Luis Ernesto Verdín, protagonistas.








Sandra.

Ella es Sandra, se topó con un chavo noble que siempre estuvo enamorado de ella (Luis), se casaron estando ella embarazada de su ex (Chicho). Pasados unos días su ex la buscó y ella pensando en su hijo le pidió el divorcio al noble muchacho que después se volvió rencoroso contra las mujeres. Esta historia es parte de la película "Tequila 5", es un drama como los de la vida real, contado a manera de humor negro, como los de la vida real. Lo que ya no se alcanzó a poner en la película es que su ex la deja, como la había dejado antes y ella pasa a engrosar las filas de las madres solteras, un problema que en México crece cada año.

martes, 1 de julio de 2014

Cena de Navidad.

Gracias a una estufa antigua la casa estaba caliente y el olor del pavo vestía a la cocina con el encanto de una dama refinada y cariñosa de casa elegante. Ya solo faltaban 5 horas para la cena de Navidad y Gigi estaba contenta por que esta vez, como no pasaba en más de 10 años, su familia iba a ocupar todos los lugares de la mesa. Ella hizo el pastel envinado por que su abuela lo decidió, la receta solo la conocen su abuela, su madre y ella que desde pequeña ayudaba en la cocina con una alegría y entusiasmo característicos desde su niñez. Siendo la más pequeña todos en la casa la consideraron el tesoro de la familia y lo era por que cada día les dio un motivo para reír y olvidarse de los fastidios de la vida.
Además de pavo y pastel van cenar ensalada de manzana, es la favorita de Javier y la han cenado cada año en su honor, y cada año desde hace 10 brindaron por que Javier fuera feliz. Diez años de brindis, rezos y desfalcos económicos al fin vieron la luz por que hoy estará Javier en casa, sentado con su familia, comiendo lo que comió 10 años atrás, antes de que la ley descubriera su doble vida. Javier pensó que robar carros era fácil, sobre todo por que la policía ya estaba comprada y por que había tantos carros en la ciudad que uno más o uno menos nunca sería notorio, así pensaba él, cuando pensaba. Gigi sabía lo que hacía Javier pero lo admiraba tanto que cualquier cosa que el hiciera para ella era algo bien hecho.
Gigi abrió el horno y bañó el pavo. Vino blanco, mantequilla y hierbas finas eran los compuestos del perfume que llenó sus pulmones cuando en un suspiro comprobó que si varias cosas salían mal en su casa el pavo no era una de ellas. Gigi dio una ojeada al pastel y apago la luz de la cocina para verlo a la luz de las velas que su madre puso para adornar la mesa. El tono dorado del pastel era perfecto, su reflejo daba a los candelabros luces de ámbar, si el dorado del pastel hubiera sido más claro o más oscuro, entonces el pastel… Suena el timbre. Gigi siente mariposas en el estómago y se dirige a la puerta, se asoma por la mirilla y la penumbra del clima frío no le permite ver mas que una silueta pero reconoce el parado de Javier, abre la puerta y el aire helado y la emoción le estiran la piel, se queda parada en la puerta como si estuviera congelada. La silueta la abraza y ella llora en silencio, como el hielo que llora hasta convertirse en agua cuando el sol le brinda sus caricias. Se abrazaron como niños, como los hermanos que eran. Cerrando el momento con un "te extrañe mucho" cruzaron la puerta y Gigi volvió a abrazarlo pero ahora rió de gusto. Javier contempló su casa buscando el tiempo perdido, casi todo estaba igual, parecía que nada se hubiera movido, parecía que lo hubieran esperado como a quien tropieza en una caminata y esperan a que se levante para seguir el camino. Javier disfrutó la ensalada de manzana y le supo mejor que antes. Llegó el momento de brindar y en poco más de 10 minutos terminaron con 2 botellas de sidra "Pelayo". Esa noche se contaron muchas historias, en muchas había gente que Javier no recordaba y conforme avanzaba la noche, Javier pensaba y dejaba de escuchar y se preguntaba muchas cosas y con tantas dudas llegó a sentirse como un extraño en su casa.
Gigi fue a la cocina para llevar el café a la mesa y comer el pastel. Cuando Javier tenía 17 años trabajó en un restaurante y aprendió a darle sabor al café poniéndole naranja,canela y chocolate abuelita, desde entonces hicieron el café así en su casa. Justo estaba tomando Gigi la cafetera cuando se fue la luz. Solo quedaron las velas de los candelabros que por poco se apagan cuando Javier abrió la puerta para marcharse. Estaban prendiendo el quinqué cuando volvió la luz y el silencio fue peor que los 6 grados bajo cero de la calle por la ausencia de Javier. Gigi dejó el café y salió corriendo a buscar a Javier pero la neblina no la dejaba ver a mas de 5 metros. La neblina no deja ver de donde se viene ni a donde se va; Gigi gritó casi 2 horas el nombre de su hermano hasta que perdió la voz y casi pierde el sentido. Su ropa quedó empapada y el agua se convirtió en un hielo fino que empezó a quitarle el calor. Gigi se sentó en el suelo y se dio cuenta de que su cara estaba entumida y su cabeza adolorida, empezó a quedarse dormida y vio como partía la primer rebanada de pastel envinado para Javier, en su sueño el pastel era gigante y todo, absolutamente todo, olía a vainilla, whisky y nuez, su rebanada la comía en la cama y su papá la arropaba y le contaba un cuento mientras ella saboreaba su creación; en el cuento alcanzó a escuchar que su hermano y su papá platicaban detalles de la historia, ella finalmente veía una serie de Navidad con la que había decorado una repisa de su cuarto y se quedaba dormida.
Javier la encontró y la cubrió con su chamarra y la cargó hasta la casa, le pusieron su pijama, la acostaron en su cama y cubrieron con bolsas de agua caliente su pecho y sus pies, la taparon con una colcha y la despertaron para darle café caliente. Gigi se quedó contemplando la serie de Navidad que adornaba su repisa y le pidió a su hermano que abriera su regalo.
-No quiero que sufran por mi, Gigi. Tengo miedo de fallar otra vez. Perdóname- Dijo Javier antes de desanudar el listón azul de su regalo. Gigi le contestó con una mirada tierna, sus ojos avellana reflejaron una serenidad profunda y mucho cariño.
Ese regalo fue el mejor regalo que recibió Javier en toda su vida, era un reloj que Gigi compró a plazos con una amiga pero para Javier fue el recuerdo de que su hermana nunca dejó de creer en él y de que tuvo una segunda oportunidad, como la humanidad, según dicen, tras la muerte de Cristo.
Al otro día hubo que ponerle mas leña a la estufa antiguapues todavía faltaba para que se fuera el frío. Hubo tortas de pavo para el desayuno pero Javier y Gigi prefirieron comer pastel. No pudieron resistirse al olor del whisky, la nuez y la vainilla, ni a su vista de color dorado, el dorado perfecto. Después del pastel Gigi y Javier se sentaron frente al árbol y contemplaron el pinito. Javier se fue por el buen camino, empezó a salir con una ex de la prepa, se compró un perro, un labrador… 5 años después conoció a su primer sobrino, al año siguiente se casó y se fue a vivir a Canadá. El año en que Javier se fue a Canadá todo se le vino encima a Gigi, su abuela murió, sus papás se divorciaron y ella nunca se casó y perdió la custodia de su hijo.  Hoy está sola en su cuarto, contemplando la serie de Navidad que puso a sus catorce años y que nunca quitó por que siempre, aún en los momentos más difíciles, contempla esas lucecitas y  piensa que aún hay esperanza, que el día de mañana será mejor.