lunes, 7 de julio de 2014

En una noche sin luna.

Contemplando el mar en una noche sin luna respiró profundamente y llevó el aroma del mar a sus pulmones y de ahí a todo su cuerpo, se sintió parte de la brisa marina abandonando todo pensamiento que no lo dejará flotar sobre el murmullo de las olas.
Sus ojos descubrieron que la oscuridad tiene forma y vio con respeto que era tan insignificante ante la inmensidad del mar que sus tragedias, sus goces y sus dolores no eran trascendentes.
Contemplando el mar en una noche sin luna no le importó mas el camino, porque ante tal inmensidad daría lo mismo caminar toda una vida que no caminar nada y se sintió completamente libre porque al verse insignificante no le preocupo que sus huellas en la arena desaparecieran cuando la muerte saliera de las profundidades para llevarlo a otro mar, con otras olas, en otro en otras aguas.
Contempló el mar en una noche sin luna hasta que amaneció y dio gracias al mar, por su grandeza que lo hizo sentir humilde.
Dio gracias por no ser grande como el mar, dio gracias por su pequeñez y por tener la oportunidad de asombrarse ante las grandeza de la creación.
Dio gracias por la oportunidad de amar y disfrutar la noche sin luna, la brisa, el mar y todo lo que encontró en la oscuridad.

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