En su trabajo pusieron un altar de muertos dedicado a los padres de los dueños de la empresa, fundadores de lo que ahora es un gran negocio. Había chocolate, pan de muerto, sotol y fotos de los difuntos. En una ceremonia se presentó el altar y se dio un discurso sobre lo grande que fueron en vida los fundadores. Aplausos, chocolate caliente, pan de muerto y de vuelta al trabajo. Dejó de ver lo que debía, que eran libros de contabilidad, por que aunque tenía los números frente a su cara su mente se quedó recordando a su único amor, se quedó recordando a Clarita. Clarita y él se conocieron desde niños pero ella no alcanzó a llegar a la edad adulta. Nadie nunca ha sido tan bella como ella, su sonrisa era mejor que el azúcar blanca, su voz, más dulce y acogedora que un chocolate abuelita, su mirada podía regresar a la vida a un muerto y su cuerpo era delicado, de complexión delgada por lo que con cariño le decían "huesitos". Dejó de ver los números y le vinieron mil recuerdos y el recuerdo que le sacó una lágrima que corrió la tinta de unas cifras fue el de cuando ella le dijo que era perfecto, le dijo también que deberían ser novios, si, "huesitos" se lo dijo a él por que él en el temor de perder su amistad, él nunca se había atrevido a decirle que la amaba. Sin ella, su vida se convirtió en una tumba, extrañaba el carácter de fuego de Clarita; recordaba su carácter siempre que veía el color de las flores de cempazuchitl en estas fechas. Llevaba ya 20 años extrañándola y llevando cada día un altar de muertos para ella en su corazón. Decidió que 20 años era suficiente para no olvidarla y darse cuenta de que la necesitaba, de que cada día había deseado volver en el tiempo aunque fuera 3 segundos para verla. Se dirigió a la ventana para saltar de ese quinto piso del corporativo, vio hacía abajo y volvió a ver el paisaje gris que vería cada día desde que un camión repartidor acabó con la vida de Clarita, de su "Huesito" (El no le decía "Huesitos", la llamaba en singular, "Huesito"). Cerró los ojos y antes de saltar recordó una vez en que "Huesito" y él platicaron sobre la gente que se suicida y su "Huesito" opinó que la gente que lo hace es por que se negó a ver que la vida es un regalo de Dios y por que no tuvieron paciencia para dejar pasar la tormenta. "El cielo más bello siempre llega después de la tormenta", si "Huesito" decía eso sabía de que hablaba, pues los primeros años de su niñez fueron terribles. ¿Qué pensaría ella si se enterara, en aquél mundo, de su suicidio? Reflexionó y dejó la ventana de aquella oficina en la que todos estaban tan ocupados que ni se percataron de sus intenciones suicidas. Regresó a su escritorio y se dio cuenta que su Huesito seguía con él, pues lo que le platicó en vida lo seguía acompañando en cada segundo. Retomó las labores y vio hacia la ventana; el cielo no era el más hermoso pero al menos no había nubes de tormenta. Respiró profundamente y le dio gracias a Dios por haber sido amigo y amante de "Huesito". Más tarde, en el camino a casa recordó a su abuela y a otros muertitos y se dio cuenta que la muerte es parte de la vida. Ahora mira al cielo cada día, mira más allá de las nubes y se siente agradecido.
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