En su testamento no mencionó a nadie, en su casa, las flores en el desayunador lucen frescas, el sol entra por la ventana y la casa se ve alegre, ni parece que su único habitante murió en la tarde anterior. De una sentada se bebía una taza de café, le gustaba hacerlo de olla, la segunda taza se la bebía a ritmo mas lento, pues era su acompañante de lectura. Acostumbraba leer "Las maravillas de la piedra", un libro que trataba sobre escultores del último siglo. Este libro fue su inspiración para redactar una propuesta para su municipio en la que se expresaba un plan para que los edificios fueran aprovechados para ser piezas artísticas con bajo relieve, serían, según la propuesta, obras magnas que atraerían al turismo mundial para fascinarlo con la belleza de la ciudad.
Su propuesta quedó en un escritorio del Secretario de Gobierno, quedó ahí con muchas otras carpetas que contenían asuntos importantes que al cabildo le importaron un comino.
Paciente como fue toda su vida, pasaba cada Martes y Jueves para preguntar si ya había recibido el Señor Presidente su propuesta, le preocupaba que su plan no fuera comprendido a fondo y en el camino de la presidencia a su casa imaginaba las obras artísticas que podían llevarse a cabo en los edificios que aparecían en su camino.
Pasaron 10 años, las autoridades del municipio cambiaron, la propuesta siguió empolvada y él empezaba a frustrarse un poco, sin embargo nunca dejo de tener flores frescas en su desayunador, ni de tomar su café y echarle una ojeada a su libro para alentar su sueño.
Fue en una de esas veces en que salió a comprar flores para el desayunador cuando se quedo atónito al descubrir que demolían uno de los edificios que era materia prima para una obra de arte, sin dar crédito a sus ojos le preguntó a un pequeño de unos 10 años de edad si era verdad lo que estaba presenciando. El pequeño le confirmo sus temores, el le contó al pequeño los planes que tenía para el edificio que ahora se convertía en escombro frente a ellos. El niño sonrió alegre pues la idea le pareció maravillosa.
Hoy nadie esta en su testamento pero aquel niño creció y estudio para ser escultor. Ellos jamás volvieron a toparse el uno con el otro.
Pasaron ya mas de diez años de su muerte, las flores del desayunador se hicieron polvo, el departamento ya lo habita gente que ni sabe que él existió, el edificio sigue igual, el sol sigue entrando por la ventana pero ahora ilumina también un bajo relieve en el muro, es una obra de arte que llevó a cabo un escultor al que un desconocido le heredó una idea, un sueño. En la ciudad hay mas edificios convertidos en obras de arte y ya atraen al turismo local.
La propuesta termino reciclada, convertida en servilletas o papel de baño, pero no importó, por que valió más darle una idea a un pequeño, que un riguroso plan a las autoridades "competentes".