viernes, 21 de marzo de 2014

La Veladora.

Pensando en muchas cosas, se perdió viendo el destello de la veladora que le recomendó una amiga que prendiera. La prendió para alejar los tiempos difíciles que lo habían derrotado últimamente y al verla prendida llegó el momento en que se quedó estupefacto por que no supo que hacer frente a la veladora. ¿Rezar? No. Nunca lo hizo como Dios manda, ¿Concentrarse en un deseo? Tampoco. Eso era algo tan gastado que ya carecía de sentido. El reloj marcaba las 3 de la mañana; normal para él que tenía muchos días con insomnio por quedarse penando y pensando en todo lo que le pasaba y en lo que no le pasaba. Miró la flama y su mente se perdió y se fue a prender la vela de los recuerdos. La luz de esa vela trajo demasiadas cosas en su destello, muchas anécdotas y sentimientos. Al recordar se dio cuenta que su hígado lleva varias experiencias en las que estuvo al límite y lo mismo era para su estómago, su corazón y sus pulmones. ¿Y sus manos? Se dio cuenta que a ellas como a sus órganos, les debe una disculpa. Nunca puso en sus manos lo que mas anhelaban, las dejo en soledad y no se esforzó por sus deseos, las compensó con un piano que era lo que había a la mano, valga la redundancia. Fue un dueño irresponsable de esas manos que Dios le dio. Hipnotizado por la danza del fuego, siguió perdido en la veladora y viajó a la tierra del hubiera para no lograr nada mas que sentirse miserable. Hubiera sido menos honrado, hubiera mentido, si hubiera nacido en otro lado, si hubiera justicia, si hubiera un etcétera que sirviera para resumir sus hubieras. Los ecos del hubiera formaron una ola que casi lo ahoga y tomando una gran bocanada de aire salió de ese trance y percibió la música que oían sus vecinos. Era un sonido especial, música vieja de un coro que cantaba a capela, la música lo tranquilizó y después lo contagió y 5 minutos después estaba bailando e improvisando voces para el coro del vecino. Se olvidó de la veladora y de lo que había maltratado su hígado en el pasado, se sirvió un ron con coca y recordó a sus amigos y a su familia e hizo planes para el día siguiente. Le prometió a sus manos tocar la piel de una mujer amada, no les dijo cuando, pero la promesa les hizo. Se acabó su bebida en 3 o 4 tragos y se sirvió otra que quedó contemplando su sueño. Mañana, al rato, será otro día y ya Dios dirá. La veladora arde en silencio y el ambiente huele a cera.