lunes, 7 de julio de 2014
Un momento de alegría.
Nació y creció en la calle, hizo del miedo un amigo y del coraje un compañero, su instinto lo mueve y lo mantiene vivo en esa triste libertad que lo acompaña por el barrio que lo ha adoptado junto con otros infortunados. Sus abuelos, tal vez sus bisabuelos o sus padres, tuvieron un techo; pero seguramente lo perdieron cuando un cobarde los echo para no batallar en ser mejor persona.
El busca su techo y la vida lo encuentra sin que él la busque. Por unos días le pusieron un nombre, quien sabe cuantos nombres lleve en su pasado, quien sabe cuanta gente ha pasado por su vida. No importa. Al fin que él no responde a las palabras por que ya aprendió a interpretar las miradas. Para algunas personas es un estorbo y para otras, es la oportunidad de ser bondadosos y darle un poco de amor a un extraño que por unos días, puede ser un amigo o simplemente un compañero del paseo cotidiano. Esta gente que le da su cariño, es correspondida con una mirada de felicidad y a veces hasta con algunos besos. El es solo un perro y ellos unas personas, pero cuando intercambian su cariño, cada uno se vuelve único, especial, un bonito recuerdo para el futuro y un momento de alegría en el presente.
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