Gracias a una estufa antigua la casa estaba caliente y el olor del pavo vestía a la cocina con el encanto de una dama refinada y cariñosa de casa elegante. Ya solo faltaban 5 horas para la cena de Navidad y Gigi estaba contenta por que esta vez, como no pasaba en más de 10 años, su familia iba a ocupar todos los lugares de la mesa. Ella hizo el pastel envinado por que su abuela lo decidió, la receta solo la conocen su abuela, su madre y ella que desde pequeña ayudaba en la cocina con una alegría y entusiasmo característicos desde su niñez. Siendo la más pequeña todos en la casa la consideraron el tesoro de la familia y lo era por que cada día les dio un motivo para reír y olvidarse de los fastidios de la vida.
Además de pavo y pastel van cenar ensalada de manzana, es la favorita de Javier y la han cenado cada año en su honor, y cada año desde hace 10 brindaron por que Javier fuera feliz. Diez años de brindis, rezos y desfalcos económicos al fin vieron la luz por que hoy estará Javier en casa, sentado con su familia, comiendo lo que comió 10 años atrás, antes de que la ley descubriera su doble vida. Javier pensó que robar carros era fácil, sobre todo por que la policía ya estaba comprada y por que había tantos carros en la ciudad que uno más o uno menos nunca sería notorio, así pensaba él, cuando pensaba. Gigi sabía lo que hacía Javier pero lo admiraba tanto que cualquier cosa que el hiciera para ella era algo bien hecho.
Gigi abrió el horno y bañó el pavo. Vino blanco, mantequilla y hierbas finas eran los compuestos del perfume que llenó sus pulmones cuando en un suspiro comprobó que si varias cosas salían mal en su casa el pavo no era una de ellas. Gigi dio una ojeada al pastel y apago la luz de la cocina para verlo a la luz de las velas que su madre puso para adornar la mesa. El tono dorado del pastel era perfecto, su reflejo daba a los candelabros luces de ámbar, si el dorado del pastel hubiera sido más claro o más oscuro, entonces el pastel… Suena el timbre. Gigi siente mariposas en el estómago y se dirige a la puerta, se asoma por la mirilla y la penumbra del clima frío no le permite ver mas que una silueta pero reconoce el parado de Javier, abre la puerta y el aire helado y la emoción le estiran la piel, se queda parada en la puerta como si estuviera congelada. La silueta la abraza y ella llora en silencio, como el hielo que llora hasta convertirse en agua cuando el sol le brinda sus caricias. Se abrazaron como niños, como los hermanos que eran. Cerrando el momento con un "te extrañe mucho" cruzaron la puerta y Gigi volvió a abrazarlo pero ahora rió de gusto. Javier contempló su casa buscando el tiempo perdido, casi todo estaba igual, parecía que nada se hubiera movido, parecía que lo hubieran esperado como a quien tropieza en una caminata y esperan a que se levante para seguir el camino. Javier disfrutó la ensalada de manzana y le supo mejor que antes. Llegó el momento de brindar y en poco más de 10 minutos terminaron con 2 botellas de sidra "Pelayo". Esa noche se contaron muchas historias, en muchas había gente que Javier no recordaba y conforme avanzaba la noche, Javier pensaba y dejaba de escuchar y se preguntaba muchas cosas y con tantas dudas llegó a sentirse como un extraño en su casa.
Gigi fue a la cocina para llevar el café a la mesa y comer el pastel. Cuando Javier tenía 17 años trabajó en un restaurante y aprendió a darle sabor al café poniéndole naranja,canela y chocolate abuelita, desde entonces hicieron el café así en su casa. Justo estaba tomando Gigi la cafetera cuando se fue la luz. Solo quedaron las velas de los candelabros que por poco se apagan cuando Javier abrió la puerta para marcharse. Estaban prendiendo el quinqué cuando volvió la luz y el silencio fue peor que los 6 grados bajo cero de la calle por la ausencia de Javier. Gigi dejó el café y salió corriendo a buscar a Javier pero la neblina no la dejaba ver a mas de 5 metros. La neblina no deja ver de donde se viene ni a donde se va; Gigi gritó casi 2 horas el nombre de su hermano hasta que perdió la voz y casi pierde el sentido. Su ropa quedó empapada y el agua se convirtió en un hielo fino que empezó a quitarle el calor. Gigi se sentó en el suelo y se dio cuenta de que su cara estaba entumida y su cabeza adolorida, empezó a quedarse dormida y vio como partía la primer rebanada de pastel envinado para Javier, en su sueño el pastel era gigante y todo, absolutamente todo, olía a vainilla, whisky y nuez, su rebanada la comía en la cama y su papá la arropaba y le contaba un cuento mientras ella saboreaba su creación; en el cuento alcanzó a escuchar que su hermano y su papá platicaban detalles de la historia, ella finalmente veía una serie de Navidad con la que había decorado una repisa de su cuarto y se quedaba dormida.
Javier la encontró y la cubrió con su chamarra y la cargó hasta la casa, le pusieron su pijama, la acostaron en su cama y cubrieron con bolsas de agua caliente su pecho y sus pies, la taparon con una colcha y la despertaron para darle café caliente. Gigi se quedó contemplando la serie de Navidad que adornaba su repisa y le pidió a su hermano que abriera su regalo.
-No quiero que sufran por mi, Gigi. Tengo miedo de fallar otra vez. Perdóname- Dijo Javier antes de desanudar el listón azul de su regalo. Gigi le contestó con una mirada tierna, sus ojos avellana reflejaron una serenidad profunda y mucho cariño.
Ese regalo fue el mejor regalo que recibió Javier en toda su vida, era un reloj que Gigi compró a plazos con una amiga pero para Javier fue el recuerdo de que su hermana nunca dejó de creer en él y de que tuvo una segunda oportunidad, como la humanidad, según dicen, tras la muerte de Cristo.
Al otro día hubo que ponerle mas leña a la estufa antiguapues todavía faltaba para que se fuera el frío. Hubo tortas de pavo para el desayuno pero Javier y Gigi prefirieron comer pastel. No pudieron resistirse al olor del whisky, la nuez y la vainilla, ni a su vista de color dorado, el dorado perfecto. Después del pastel Gigi y Javier se sentaron frente al árbol y contemplaron el pinito. Javier se fue por el buen camino, empezó a salir con una ex de la prepa, se compró un perro, un labrador… 5 años después conoció a su primer sobrino, al año siguiente se casó y se fue a vivir a Canadá. El año en que Javier se fue a Canadá todo se le vino encima a Gigi, su abuela murió, sus papás se divorciaron y ella nunca se casó y perdió la custodia de su hijo. Hoy está sola en su cuarto, contemplando la serie de Navidad que puso a sus catorce años y que nunca quitó por que siempre, aún en los momentos más difíciles, contempla esas lucecitas y piensa que aún hay esperanza, que el día de mañana será mejor.

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