Fue hace como 30 años o más que en cuanto salía de la primaria lo primero que hacía al llegar a su casa era sentarse al piano. Llevaba unos 5 años estudiando y era regular porque nunca practicaba las lecciones del método Beyer, se le hacia aburridísimo y tocaba siempre lo que se iba imaginando; para él esto era platicar con el piano. El sonido del piano le fascino desde niño y cada que escuchaba un piano entraba en un viaje imaginario. Siempre le quitaba la tapa a su piano para tocar las cuerdas directamente con sus manos y siempre lo regañaba su mamá pero los misteriosos sonidos que emanaban del roce con las cuerdas eran embriagadores. Al tocar el piano no se olvidaba del mundo, al contrario, lo musicalizaba, pues como dije antes, para él, tocar, era platicar con el piano y era como cuando platican 2 amigos y hablan sobre lo cotidiano, los sueños, lo que no debería existir y tantas cosas.
Habiendo nacido en los 70´s le tocó vivir en una sociedad en la que los hombres no hablaban de sus sentimientos y en donde una pelea podía durar un día o años. Un día estuvo muy enojado y no platicó con su piano, solo fue a que el piano lo escuchara. Tocó sin pensar en nada, tocó solo para desahogarse, tocó y hasta le pegó con el puño a las teclas. El niño había entrado a la adolescencia y por varios años hizo del piano su paño de lágrimas, recipiente de su odio y confidente de sus amores. El piano lo consoló ante la muerte de seres queridos, fracasos escolares y malentendidos con sus padres.
Pasaron los años y la tecnología trajo los sintetizadores, el ya era un adulto y se olvidó del piano por estar maravillado con los sonidos múltiples del sintetizador: violines, tambores, trompetas, marimbas, flautas, etcétera. Aunque ninguno de los sonidos le llegara a los instrumentos reales, la maravilla tecnológica lo hipnotizó. Pasó el tiempo y el piano se fue desafinando. En ese tiempo, él, ya hecho un señor, aprendió que no hay sonido como el original y volvió a su piano, pero el piano ya estaba muy mal, desafinaba en todas las octavas y arreglarlo costaría una fortuna.
Hace 3 días le quitó la tapa y tocó las cuerdas como lo hacía en su niñez, el sonido lo volvió a embriagar y sintió mucho pesar por los años que dejó abandonado a su amigo.
Habiendo nacido en los 70´s le tocó vivir en una sociedad en la que los hombres no hablaban de sus sentimientos y en donde una pelea podía durar un día o años. Un día estuvo muy enojado y no platicó con su piano, solo fue a que el piano lo escuchara. Tocó sin pensar en nada, tocó solo para desahogarse, tocó y hasta le pegó con el puño a las teclas. El niño había entrado a la adolescencia y por varios años hizo del piano su paño de lágrimas, recipiente de su odio y confidente de sus amores. El piano lo consoló ante la muerte de seres queridos, fracasos escolares y malentendidos con sus padres.
Pasaron los años y la tecnología trajo los sintetizadores, el ya era un adulto y se olvidó del piano por estar maravillado con los sonidos múltiples del sintetizador: violines, tambores, trompetas, marimbas, flautas, etcétera. Aunque ninguno de los sonidos le llegara a los instrumentos reales, la maravilla tecnológica lo hipnotizó. Pasó el tiempo y el piano se fue desafinando. En ese tiempo, él, ya hecho un señor, aprendió que no hay sonido como el original y volvió a su piano, pero el piano ya estaba muy mal, desafinaba en todas las octavas y arreglarlo costaría una fortuna.
Hace 3 días le quitó la tapa y tocó las cuerdas como lo hacía en su niñez, el sonido lo volvió a embriagar y sintió mucho pesar por los años que dejó abandonado a su amigo.
Espera poder arreglar su piano y también su vida, todos los días, al regresar del trabajo lo contempla y siente que le hacen falta sus notas para reconfortarlo o ayudarle a tomar decisiones.
Sigue sentándose a tocar en los pianos que encuentra, no desaprovecha la oportunidad cuando ve uno disponible, pero ahora no platica de sueños, ni de lo cotidiano, ni de injusticias, ni musicaliza al mundo; ahora, cuando toca, le cuenta a los pianos de su piano, del gran amigo que tuvo y que está recuperando.
Sigue sentándose a tocar en los pianos que encuentra, no desaprovecha la oportunidad cuando ve uno disponible, pero ahora no platica de sueños, ni de lo cotidiano, ni de injusticias, ni musicaliza al mundo; ahora, cuando toca, le cuenta a los pianos de su piano, del gran amigo que tuvo y que está recuperando.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario