Aunque le advirtieron que no debía ver al sol pues se quemaría los ojos, no le importó y lo hizo para impresionar a sus amigos. Lo vio durante 30 segundos y quedó ciego.
Estando ciego y reflexionando lo estúpido de su alarde, se dio cuenta de que antes de privarse de la vista por necio, ya había visto al sol. Se percató de que lo vio en las flores, en la luna, en los vitrales de la iglesia, en las vacaciones de verano, en las paletas heladas, en la luz del amanecer pintando el rostro de su mujer. Había visto al sol y su brillo sin necesidad de mirarlo directamente y quemarse los ojos. Ya que recuperó la vista vio de nuevo al sol como lo había visto antes, pero aprendió a apreciarlo . Gozó de la sombra salvadora cuando el astro rey era inclemente y del cabello tibio de su mujer cuando acariciaba su cabeza en los jardines del parque; abrazó al sol en el aroma de las flores, vio su fulgor en los ramos de rosas que tienen el color del amor y sintió su toque en el agua que salía caliente de la manguera a medio día. Cuando estuvo ciego aprendió a ver el sol como nadie.
Una semana le duró la ceguera, no fue tan trágica la cosa, y en esos 7 días se hizo más humilde y fue más feliz. El Doctor le quitó la venda de los ojos y con un sape de por medio, que le quitó la venda del cerebro, le advirtió que no volviera a hacer estupideces con sus ojos.
Se compró unos RayBan, pues todavía tenía los ojos delicados, y salió a disfrutar de una cerveza fría con su novia en una terraza, una cerveza de trigo y malta con sabor a sol. Mientras platicaba con ella miraba fascinado el brillo del sol en su rostro y lo hermosa que se veía con su vestido de verano. Dichoso por haber recuperado la vista no se aguantó las ganas de ver el atardecer, pero lo vio con un poco de miedo y respeto. El cielo de colores cobrizos y el sol del color de una braza ardiente le hicieron ver que es más bello el sol cuando no deslumbra y ahora que era más humilde se rió de si mismo y de cuando era soberbio y le importaba deslumbrar a los demás. Esa semana de ceguera le quitó un poco lo soberbio y lo hizo más romántico, para beneplácito de su novia.
Estando ciego aprendió a ver mejor.
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