Aún no acaba de amanecer y su maleta vieja y sencilla está casi llena. Solo puso tres cambios de ropa, con eso podrá hacer varias combinaciones para presentarse en entrevistas de trabajo.
Su maleta tiene carácter, ha viajado por varios países pasando por los climas más benévolos y por los más inclementes y ha guardado desde ropas de seda y novelas rosas, hasta uniformes militares y cartas que piden auxilio, botellas con elixir milagroso y mascotas que viajaron escondidas por que su amo era ya su inseparable sirviente. Todo depende del viajero. Ella la compró ayer en un bazar,le cambiaron el forro para venderla a mejor precio. No compró una nueva por que necesita de todos sus ahorros. Además de los tres cambios de ropa puso sus libros, las fotos de su familia, la muñeca que nunca la ha abandonado y el florero en que su madre ponía margaritas, claveles y otras flores que su padre cortaba en el patio trasero. Puso también las cartas de quien hasta ahora ha sido su único amor, las colocó del lado izquierdo, junto a la ropa interior, pero antes volvió a oler el aroma del papel y la tinta, ya no olían igual que antes, pero seguía siendo el aroma de bellos recuerdos y de fantasías que evoca con frecuencia. Revisó la pequeña lista que hizo para no ser sorprendida por algún olvido y solo le faltaban las semillas de lavanda, y su título. La lavanda es su planta favorita y quiere tener un hogar en el que el tierno olor de la lavanda le llene los pulmones y pinte los muros de su vivienda cada vez que respire. Metió esa bolsita con semillas y encima de todo puso su título envuelto en algodón y papel estraza para que no se raspe el marco ni se rompa el vidrio. El mismo día en que recogió su título lo enmarcó, y así enmarcado lo va a mostrar en las entrevistas de trabajo para comprobar que se graduó como secretaria ejecutiva y que domina la caligrafía, la máquina de escribir, las llamadas telefónicas y todas las actividades de su gremio.
Le espera un viaje de muchas horas antes de pisar por primera vez la capital. Reflexionó mucho sobre su partida y aunque la idea de viajar la entusiasma, siente algo de dolor por que en su ciudad vivió mas alegrías que tristezas y fue en esas calles de banquetas pequeñas que aprendió a caminar y tiempo después las recorrió en sus travesuras de niña. Fue en esas calles que vio pegados anuncios hechos en la imprenta de su padre, anuncios coloridos para atraer clientes a los comercios o en tinta negra como los de la funeraria. En la imprenta trabajó y tal vez de ahí surgió su gusto por el olor a tinta.
En la capital piensa trabajar y estudiar al mismo tiempo para cumplir su anhelo de ser periodista y que su vida pertenezca al papel y la tinta. En su ciudad no existe esa carrera ni se acostumbra que una mujer llegue más allá de ser una eficiente secretaria, por eso empacó su tristeza, la nostalgia, su optimismo y todo lo necesario para seguir con su vida más allá de sus queridas calles.
Está amaneciendo y ella abre la ventana para lanzar un beso de despedida y oler por última vez la lavanda de su ventana. No lo sabe, pero en el futuro será admirada por otros periodistas y habrá una escuela con su nombre y escribirá contra una dictadura que antes no había descubierto; escribirá en lugares clandestinos, escribirá escondida para gritar la verdad con el papel y la tinta sin que el poder la asesine. Sus columnas olerán a justicia y dignidad y serán parte del periódico que surgirá haciendo uso de la vieja imprenta de su padre, su periódico y sus columnas darán fortaleza a la lucha que finalmente acabará con la dictadura.
Logrará vivir en el hogar que imaginó, tendrá dos hijos con un poeta, pasarán muchos años y recuerdos y su tumba tendrá siempre flores de lavanda y en la habitación en la que ahora está lanzando un beso, volverá a estar esa misma maleta siendo parte de la exposición de un museo dedicado a su memoria.
Baja las escaleras con trabajos pero con mucha emoción, apenas puede cargar esa maleta que ahora vuelve a las andadas. En media hora tomará un autobús para viajar más de 800 kilómetros; muchos kilómetros después habrá cambiado el futuro del país y seguirá teniendo fotos de sus seres queridos, más libros, muchos más y la muñeca que nunca la abandonó.
Bajó las escaleras y cerró con llave. Ya amaneció en las calles de su barrio, la frescura de la mañana solo se puede comparar con la viveza de su mirada, con la suavidad de su piel, con la gracia de su andar; la frescura de la mañana solo se puede comparar con su cara alegre, con el color de sus labios, con su corazón lleno de esperanza y con el tierno olor de la lavanda.
Su maleta tiene carácter, ha viajado por varios países pasando por los climas más benévolos y por los más inclementes y ha guardado desde ropas de seda y novelas rosas, hasta uniformes militares y cartas que piden auxilio, botellas con elixir milagroso y mascotas que viajaron escondidas por que su amo era ya su inseparable sirviente. Todo depende del viajero. Ella la compró ayer en un bazar,le cambiaron el forro para venderla a mejor precio. No compró una nueva por que necesita de todos sus ahorros. Además de los tres cambios de ropa puso sus libros, las fotos de su familia, la muñeca que nunca la ha abandonado y el florero en que su madre ponía margaritas, claveles y otras flores que su padre cortaba en el patio trasero. Puso también las cartas de quien hasta ahora ha sido su único amor, las colocó del lado izquierdo, junto a la ropa interior, pero antes volvió a oler el aroma del papel y la tinta, ya no olían igual que antes, pero seguía siendo el aroma de bellos recuerdos y de fantasías que evoca con frecuencia. Revisó la pequeña lista que hizo para no ser sorprendida por algún olvido y solo le faltaban las semillas de lavanda, y su título. La lavanda es su planta favorita y quiere tener un hogar en el que el tierno olor de la lavanda le llene los pulmones y pinte los muros de su vivienda cada vez que respire. Metió esa bolsita con semillas y encima de todo puso su título envuelto en algodón y papel estraza para que no se raspe el marco ni se rompa el vidrio. El mismo día en que recogió su título lo enmarcó, y así enmarcado lo va a mostrar en las entrevistas de trabajo para comprobar que se graduó como secretaria ejecutiva y que domina la caligrafía, la máquina de escribir, las llamadas telefónicas y todas las actividades de su gremio.
Le espera un viaje de muchas horas antes de pisar por primera vez la capital. Reflexionó mucho sobre su partida y aunque la idea de viajar la entusiasma, siente algo de dolor por que en su ciudad vivió mas alegrías que tristezas y fue en esas calles de banquetas pequeñas que aprendió a caminar y tiempo después las recorrió en sus travesuras de niña. Fue en esas calles que vio pegados anuncios hechos en la imprenta de su padre, anuncios coloridos para atraer clientes a los comercios o en tinta negra como los de la funeraria. En la imprenta trabajó y tal vez de ahí surgió su gusto por el olor a tinta.
En la capital piensa trabajar y estudiar al mismo tiempo para cumplir su anhelo de ser periodista y que su vida pertenezca al papel y la tinta. En su ciudad no existe esa carrera ni se acostumbra que una mujer llegue más allá de ser una eficiente secretaria, por eso empacó su tristeza, la nostalgia, su optimismo y todo lo necesario para seguir con su vida más allá de sus queridas calles.
Está amaneciendo y ella abre la ventana para lanzar un beso de despedida y oler por última vez la lavanda de su ventana. No lo sabe, pero en el futuro será admirada por otros periodistas y habrá una escuela con su nombre y escribirá contra una dictadura que antes no había descubierto; escribirá en lugares clandestinos, escribirá escondida para gritar la verdad con el papel y la tinta sin que el poder la asesine. Sus columnas olerán a justicia y dignidad y serán parte del periódico que surgirá haciendo uso de la vieja imprenta de su padre, su periódico y sus columnas darán fortaleza a la lucha que finalmente acabará con la dictadura.
Logrará vivir en el hogar que imaginó, tendrá dos hijos con un poeta, pasarán muchos años y recuerdos y su tumba tendrá siempre flores de lavanda y en la habitación en la que ahora está lanzando un beso, volverá a estar esa misma maleta siendo parte de la exposición de un museo dedicado a su memoria.
Baja las escaleras con trabajos pero con mucha emoción, apenas puede cargar esa maleta que ahora vuelve a las andadas. En media hora tomará un autobús para viajar más de 800 kilómetros; muchos kilómetros después habrá cambiado el futuro del país y seguirá teniendo fotos de sus seres queridos, más libros, muchos más y la muñeca que nunca la abandonó.
Bajó las escaleras y cerró con llave. Ya amaneció en las calles de su barrio, la frescura de la mañana solo se puede comparar con la viveza de su mirada, con la suavidad de su piel, con la gracia de su andar; la frescura de la mañana solo se puede comparar con su cara alegre, con el color de sus labios, con su corazón lleno de esperanza y con el tierno olor de la lavanda.

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